miércoles, 22 de septiembre de 2010

PÉRDIDAS

Existen distintos tipos de pérdidas. Hay pérdidas de seres queridos; pérdidas de dinero; pérdidas de razón; pérdidas de orina; pérdidas de memoria... Y estas pérdidas, las del embarazo.
No sólo se pierde sangre, pierdes ánimo.
Cuando más ánimo necesitas, sientes que se te va con cada nueva pérdida.
Pierdes seguridad, inocencia, la certeza de que todo va a ir bien. Es como una inyección (un pinchazo más) cargada de miedo. El sábado 4 nos inyectaron ese miedo y desde entonces es como un virus corriendo por nuestras venas. A veces permanece inactivo y la inconsciencia puede más, la risa o el sentido del humor (que incluso ahora, o sobre todo ahora, tenemos) son buenas armas contra ese miedo, pero prevalece la idea de que el miedo es un dios poderoso que no deja de decirte que acabará pasando lo que tenga que pasar, desees lo que desees y con la intensidad que lo desees.
¿Por qué tantas dificultades? ¿Tanto sufrir?
Parece que me esté pasando factura todas las veces que dije este verano, antes del día 4, "me niego a vivir el embarazo con miedo, yo mejor que nadie sé que puede pasar cualquier cosa, pero mientras no ocurra, todo está bien y yo feliz". La gente me decía: prudencia. Y yo contestaba: "¿prudencia? Y una mierda, esta ilusión la voy a vivir al máximo, sin frenos".
Cuántas veces he recordado lo que decía.
¿Por qué este precio?
Los médicos tampoco ayudan mucho. No saben por qué ocurre. Ninguno te dice: no te preocupes, no va a pasar nada. Lo entiendo, claro, no es ése su trabajo. Pero no dejan de trabajar con una asepsia y una indiferencia casi dolorosas. Hacen que te plantees que realmente no pasa nada en unos términos curiosos: aunque a ti se te muera el feto dentro la raza humana no depende de tu útero. Sí, en cierto modo es tranquilizador.
Tengo controlado el hipotiroidismo, bien. La tensión baja, bien. El peso ideal, bien. Nada de hematomas internos, bien. Tamaño de los fetos (no sé si dijimos que son dos), bien. Latido, bien.
En las distintas ecos que me han hecho, "todo está bien", me dicen. Pero entonces... ¿por qué sangro?
E inmediatamente me acuerdo de una viñeta de El Roto, en la que un soldado en mitad de la batalla le dice a su superior: "¿Esto es como un videojuego, verdad, sargento?", "¡Claro!", le contesta el otro. A lo que el soldado contesta:

- Y entonces, ¿por qué sangro?

No hay comentarios:

Publicar un comentario