Se me olvidó contar, y a Polidori también, que estamos embarazados de dos embriones, no sólo de uno. Entre emociones y disgustos no nos dimos cuenta de contar algo tan importante.
Esto cambia un poco las cosas, claro.
Por mi parte, reconozco las ventajas de tener dos bebés a la vez. Sobre todo cuando te resulta tan difícil tenerlos. Seguramente esta es la mayor ventaja de la que soy consciente. Sólo de pensar en otro tratamiento, o simplemente otra betaespera, me desorienta, me preocupa, me angustia, y me hace pensar realmente si la idea de un segundo embarazo es viable. Quizá ahora todo es demasiado reciente y, si pasa el tiempo, ya no lo veré así. Quizá. Otra ventaja clara es que creo que es muy bueno para un bebé crecer junto a otro bebé, saberse parte de un todo principal, uno más, un igual, un compañero, un hermano. Los hijos únicos crecen sabiéndose los reyes de la casa, de la familia, del mundo que les rodea y, por lo que he podido observar, a muchos eso les convierte en pequeños tiranos, especialistas en el chantaje emocional.
La verdad es que estoy deseando verles juntos en la cuna, dándose patadas o haciéndose caricias.
A menudo me pregunto cómo se organizarán el espacio dentro de mi útero. Tampoco hay tanto, tienen que repartírselo, llegar a un acuerdo. Son bebés que desde su primera existencia aprenden a pactar.
Debe de haber alguna otra ventaja, pero todavía no la vislumbro. Todavía.
Hay inconvenientes. Nos dan un poco de miedo los inconvenientes. Yo, por ejemplo, pienso que no podré estar al cien por cien con ellos, que cada uno de ellos sólo tendrá de mí el cincuenta por cien; quizá con un solo bebé te vuelcas del todo, mis bebés me tendrán siempre repartida, me tendrán que compartir desde el principio, y a su padre igual. Es algo que tengo claro que quiero aprender a hacer, concienciarme de que el tiempo que le dedique a uno tiene que ser exclusivo, no podré estar pensando en el otro y viceversa. ¿Lo conseguiré?
Pensamos en los llantos multiplicados por dos, el hambre multiplicada por dos, la fiebre multiplicada por dos, la ropa multiplicada por dos, los primeros dientes multiplicados por dos, las otitis multiplicadas por dos... y así con todo. Bueno, me digo que serán tan maravillosos que pedirán turno para llorar, no pasarán enfermedades y pedirán la teta por favor.
Y me río, claro.
Nos reímos los dos, y decimos "madre mía, madre mía, madre mía...". Es inevitable pensar en el futuro con una mezcla de asombro, ternura, miedo y amor.
Bueno, ahora son aún los Pequeñitos y estamos deseando que llegue el lunes 27 para la eco de las doce semanas. Después de tanta pérdida, no estaremos tranquilos hasta que los veamos.
Una no sabe lo que pasa ahí dentro. Y soy consciente de cómo es su fortaleza: frágil.
Exactamente como la nuestra.
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