Las semanas avanzan. Ya son nueve, o diez, dependiendo de las cuentas. Estamos pletóricamente contentos, contando los días del calendario con dibujitos de dos sonrientes embriones. Ya hemos visto tres ecografías con un latido nítido y precioso, y sabemos que tenemos ya un par de renacuajos de casi tres centímetros. Esto es poco en una mano; apenas el tamaño de un anacardo, pero son dos pequeños seres nacidos del fruto de la unión de nuestras células. Es mágico.
Pero este sábado hemos tenido un buen susto: un sangrado, y abundante. Eso significa la visita "urgente" a urgencias, en este caso con nocturnidad y alevosía. Pero todo estaba bien, todo continúa bien. Los corazones de ambos latían con mucha fuerza, y todo quedó en un susto, pero menudo susto.
No podemos evitar leer información por todos los lados; en internet, en los libros... Cada una de las aseveraciones se contradice con otra, y en todas hay suficientes motivos para tranquilizarse y para temerse lo peor. Es demasiado terrible pensar en que todo puede acabar antes incluso de haber empezado. Es inevitable darle vueltas a los famosos tres primeros meses. Uno debe ser cauto, por si acaso; uno no debe parecer demasiado optimista, por si acaso; pero, ¿acaso esto puede hacerse con calma, con serenidad? Ahora que el hecho es que dos pequeños seres crecen (y muy rápido) en el útero de Inness y que nosotros no podemos más que esperar a que sigan adelante, a que "salgan de peligro", es constante la sensación de impotencia. Todo lo que se ha luchado, todas las expectativas, todas las lágrimas (de dolor y de alegría) ¿podrían irse al traste?
A uno le entran ganas de empezar a gritar de dolor por el sentido tan dramático del humor que tiene la Madre Naturaleza. Pero nos agarramos a la esperanza. Eso es lo primero, y eso es lo último. Queremos ya como parte de nosotros mismos a esos dos pequeños proyectos de ser humano. Discutimos sus futuros nombres, hacemos bromas con cómo va a ser su personalidad, cómo van a reaccionar a nuestras excentricidades y juegos de la "edad madura". Fantaseamos con si serán biólogos, filólogos o estrellas del baloncesto. Y aún la barriga de Inness sigue plana...
Esperanza. Dulce esperanza. A ti nos agarramos, a ti nos encomendamos. Somos felices, y queremos serlo aún más. Mientras la espera nos tortura, pero podremos con ella. Lucharemos a brazo partido. Por el mañana. Por su mañana.
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