sábado, 24 de julio de 2010

UN DÍA MÁS

Ha pasado otro día. Un día menos para el resultado de la beta.
Este fin de semana me he quedado sola porque Polidori se ha ido a Huelva al bautizo de su sobrino. Todo estaba planeado para que fuéramos juntos, pero al final no ha podido ser y decidimos que sería mejor quedarme en casa para descansar y, sobre todo, evitar esfuerzos. Los viajes, ya se sabe, siempre lo son. Polidori acaba de enviarme desde el iPhone una foto de la playa. Al verla he sonreído porque ha tenido el detalle de hacer la foto sólo de la arena, evitando el agua, apenas se ve algo de la orilla...
No sé si sabréis que en todo este proceso, entre otras muchas cosas, te prohíben bañarte. No te puedes bañar en la bañera, ni en la piscina ni en el mar ni en ningún sitio.
En la primera FIV, cuando el médico me lo recordaba, yo levantaba los hombros en señal de indiferencia. Era invierno.
Ahora, lo estoy pasando por ese motivo francamente mal. El largo y cálido verano de Madrid se cierne sobre nosotros y yo adoro estar metida en el agua en estas fechas. Sí, sé que hay sacrificios peores y por peores cosas, soy consciente de ello, pero eso no significa que este camino esté lleno de pequeñas piedras que, por sí solas no dañan, pero una tras otra y todo el rato, sí, y mucho. No hago más que pensar que el esfuerzo valdrá la pena. Ojalá.
Los síntomas hasta hoy siguen siendo los mismos: dolor de ovarios como si fuera a venirme la regla. Desde el mismo día de la transferencia. Cada vez que siento ese dolor se me viene el mundo encima, a pesar de saber que no significa nada: puede ser síntoma de un positivo o de un negativo. Pero es exactamente el mismo, idéntico dolor de los días previos a la regla y yo no sé identificarlo con otra cosa que no sea eso: sangre.
Cada vez que me duele, tengo que pensar en positivo y decirme que no es más que mi útero metiendo codos a los ovarios para ponerse cómodo, pues ahora vamos a ser tres en uno.


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