viernes, 23 de julio de 2010

¿Y POR QUÉ NO?

El camino para tener un hijo puede ser fácil, imprevisto, o difícil.
A nosotros nos ha tocado el difícil.
En agosto de 2008, en algún momento de una de las tardes a la sombra de la siesta, se nos pasó por la cabeza a la vez, la imagen de un bebé. No dijimos nada, pero nos miramos y, entonces sí, a la vez nos preguntamos: "¿Y por qué no?".
Había llegado el momento. Por primera vez no nos molestaba la idea de tener un hijo, simplemente lo aceptamos de forma natural, sin aspavientos, sin charlas, sin grandes alegrías, nada. Había llegado el momento y lo sabíamos y teníamos una nueva ilusión.
Me imaginé de madre. Lo imaginé de padre. Imaginé una hija. Me parecía bien. Nunca antes me había imaginado de madre, ni lo había imaginado de padre, ni había imaginado una hija. Las imágenes, de repente en mí como si siempre hubiesen estado ahí, pero dormidas, tenían cada vez más forma, más color, más luz y, sobre todo, más seguridad y paz. Me transmitían mucha paz, esa paz que uno siente cuando sabe por fin lo que tiene que hacer, sin dudas, sin preguntas, sin miedos, sin más.
Han pasado dos años de aquel momento, de aquella tarde que nunca olvidaré. Las imágenes, en lugar de cobrar intensidad, se han desdibujado, han ido perdiendo tono y forma, se han alejado de mi visión como si condujera un coche en dirección contraria a donde quiero ir. Poco a poco, mes tras mes, la realidad y seguridad aplastante que me inspiraba mi propio sueño se ha cubierto de incertidumbre, de miedo, de inseguridad, de rabia, de dolor.
No voy a narrar los pormenores de estos 24 meses. Lo muchísimo que nos ha costado aceptar que estamos dentro de lo que se llama "parejas estériles", la tristeza de ver un negativo tras otro y otro y otro, la recuperación y pérdida CONSTANTE, casi diaria, de la ilusión; el desgaste físico y psicológico...
Estamos muy unidos. Siempre lo hemos estado. No me atrevo a decir que ahora más, porque antes de todo esto lo estábamos ya como nunca. Quizá ahora nos conocemos mejor. Nos sabemos débiles y vulnerables ante las dificultades que todos tenemos que superar en la vida.
Después de un largo, largo, largo camino estamos en la segunda FIV. El 26 de marzo de este año nos dieron el negativo.
No voy a hablar de aquello. Ya es pasado. Pero puedo asegurar que lo vivimos como un aborto. Para nosotros esas células con nuestro ADN eran nuestras moritas, un logro tan ansiado que las amábamos tanto como se ama a un hijo. Hicimos de tripa corazón. Nos hicimos los fuertes. Sonreímos. Pero estábamos de luto.
No pudimos congelar embriones.
Nuestra segunda FIV empezó el 4 de julio. Es el día que empecé por segunda vez a inyectarme hormonas. En este ciclo he tenido que pincharme hasta tres veces seguidas cada día. Esto es un tema aparte que merece otra entrada.
Después de todo, de los pinchazos, de la espera de la llamada de la bióloga, de la transferencia... Estamos a día 5 postransfer. Alojaron en mi útero dos embrioncillos de calidad óptima.
Ojalá sigan en mí, en nosotros, y el día 2 de agosto, por fin, quién sabe, me den el positivo.
Si me lo dan, cuando sea mayor le contaremos (les contaremos) que empezaron a gestarse en una carpeta amarilla, entre informes y analíticas y recetas y justificantes de asistencia, en la antesala de la consulta nº 4.
Seguiré contando. Seguiremos contando.

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