martes, 19 de octubre de 2010

El trimestre de la aceptación

Dicen que el segundo trimestre es el de la aceptación, y es muy probable que así sea. No en vano la barriga de Inness ha dejado de ser plana para tener, ya, una prominencia casi indisimulable (pero no suficiente como para que le dejen el asiento en el metro, todo hay que decirlo). Quizá esa presencia, que crece día a día, sea la que nos está diciendo, sin estridencias, lo en serio que va esto, y por eso no dejamos de sonreír y de chocar nuestras barrigas, ahora que son parecidas (ya se sabe, la curva de la felicidad, nunca mejor dicho).

Sin embargo, Inness ha vuelto al trabajo, y yo ando un poco preocupado. A fin de cuentas, el ginecólogo fue tajante cuando la hablamos del tema: por ahora su embarazo es como cualquier otro, y por ende debe hacer vida normal. Y nos dijo una frase iluminativa: "cuidado con lo que leéis", además de "disfrutad de la barriga". Todo parece indicar que debemos disfrutar, pues, de esta calma que viene antes de la tempestad que, irremediablemente, se desatará en un futuro; pero han sido demasiados sobresaltos como para ahora acostumbrarme, de golpe, a la ausencia de preocupaciones. Hago, esfuerzos, de hecho, no plenamente satisfactorios (sin ir más lejos, los fantasmas de las dudas y temores me hicieron revolverme en la cama buena parte de la noche siempre difícil del domingo al lunes).

Lo cierto es que la vida, con sus visitas médicas y vacunas varias, ha vuelto a una relativa normalidad en todos los sentidos (sí, en todos los sentidos, incluso los sentidos más placenteros), y no está nada mal que sea así. Quizá sí es cierto que hemos aceptado nuestra situación, y ya decimos sin rubor que "estamos embarazados", con todo lo que eso conlleva (y conlleva, a menudo, situaciones bastante surrealistas). Incluso ya vemos con otros ojos las tiendas que muestran ropas y enseres para niños, donde pasamos un buen rato mirando los artículos con una mezcla de ternura y pragmatismo; e incluso hemos empezado a mirar carros de paseo dobles, con el subsiguiente asombro por los desorbitados precios. En fin, lo habitual en estos casos.

Hasta el día 5 de noviembre no volveremos a verlos. La espera es larga, sí, pero queremos que sea tranquila. Queremos disfrutar, sí, y queremos sentir su presencia. Eso es, creo, lo que se llama "aceptación".

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