jueves, 14 de octubre de 2010

EMPIEZAN A TOMARNOS EN SERIO

Cuando ya llevamos más de catorce semanas de embarazo, el ginécologo, en la visita del lunes 11, mientras me levantaba de la camilla (después de haber estado apenas diez segundos en ella) , me preguntó si me habían explicado algo sobre los embarazos gemelares.
Yo, mientras pensaba "Ah, así que hay que explicar algo, ya decía yo...", dije "Pues no, nada".
O sea, sabemos desde el día 18 de julio que crecen dentro de mí dos embriones, pero hasta casi tres meses después no se disponen a aceptarme en el equipo, a decirme "vale, ya te vamos a contar las reglas de juego, venga, puedes jugar, eres de los nuestros". Es así, te sientes así, como si hasta ese momento la cosa no fuera en serio, o como si sólo estuvieras jugando a estar embarazada y no que estuvieras embarazada de verdad. La verdad es que no tomas consciencia de hasta qué punto existe riesgo de aborto hasta que llegas al segundo trimestre. Y lo entiendes, pero a pesar de entender el porqué no comparto el cómo. Pero bueno, es uno de los muchos "cómo" que no comparto de la sanidad pública, o de la sanidad en general (porque mis incursiones en la privada -salvo excepciones- han acabado con asco directamente). Lo verdaderamente importante es, sin duda, otra meta que juntos, Polidori y yo y los Pequeñitos, hemos alcanzado.
La cita del otro día fue satisfactoria; yo por fin me sentí atendida desde que salimos de la Unidad de Reproducción asistida, porque el médico (otro distinto de la otra vez, como siempre) nos explicó cosas y nos dejó preguntar todo lo que quisimos, hizo incluso bromas, y comprobar que tenía sentido del humor (y por lo tanto inteligencia) y tiempo para aplicarlo fue muy gratificante. Lo único que nos dejó insatisfechos y un poco tristes es que me hizo una eco de poquísimos segundos, sólo para comprobar el latido. Qué pena no tener un ecógrafo en casa para verlos cada día; estaríamos horas observándolos, porque es algo maravilloso y extraño. Si fuese (o fuera) rica y excéntrica, ésa sería una de mis excentricidades, sin duda.

Hoy he ido a hacerme la curva corta del azúcar (test O´Sullivan). ¡No es para tanto! Como siempre, las historias de los demás para lo único que sirven en torno a ciertas experiencias es para distorsionar la realidad, no para mostrarla. Es una prueba que me hice de niña, pero ni me acordaba. Lo único que recuerdo vagamente es que al acabar la prueba y salir del hospital mi madre me compró un muñequito de goma muy simpático, un juguete, como solía hacer cuando pasaba un mal trago en los médicos. Debido al embarazo gemelar y a que mi hermano es diabético, me han mandado la prueba mucho antes de lo que es habitual. A las ocho y media de la mañana me han hecho el primer análisis. La enfermera me ha dicho que no podía ir al baño a hacer pis, yo he bromeado con que entonces me entrarían ganas, pero ella no me ha entendido y no ha cambiado el gesto, me ha dado el jarabe de glucosa y a las ocho y cuarenta ya me lo había bebido. He esperado una hora sentadita y sin moverme leyendo El camino de Delibes. A ratos paraba y observaba a la gente. Para no estar con el resto de embarazadas que tenían que hacer la prueba me he ido más lejos y he estado en neumología y enfermedades respiratorias. Los pacientes eran o muy mayores o muy obesos. Un panorama que no suelo ver últimamente en las consultas médicas y me he entretenido bastante. He echado de menos a Polidori. A las nueve y cuarenta me han hecho el segundo análisis y luego para casa en metro.
El metro. Ese sitio en el que se supone que los asientos están reservados también para embarazadas. Pues bien, será porque todo el mundo está ciego o es que hemos llegado ya a la más absoluta indiferencia, pero la barriga ya se me nota claramente y ahí nadie se levanta. Ya veremos más adelante, pero vamos, digo yo que la misma necesidad tengo yo de sentarme ahora que cuando esté de siete meses. Porque es una auténtica barbaridad lo que me cansa cualquier actividad física.
Tengo hora con la matrona (por fin) mañana por la mañana. Mi médico de cabecera puso en el volante que el embarazo había sido por FIV.
¿Todavía importa? Me pregunté yo.
Sí, va a importar toda la vida. Me respondí.

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